martes, abril 10, 2007

La niña número 37

Ella es el clon 37 de Judith, tiene el pelo color caoba, tiene un rostro dormido. Ella está quieta y con los ojos cerrados mientras recita, y dice: no soy una niña, soy una mujer. Soy una poeta y soy una fuente de sangre en forma de niña, soy la que cruza el puente buscando amor, soy la única historia que nunca te han contado. Soy una radio loca sintonizada en la estación de tu adolescencia perdida. Los locutores son mis manos, los DJs son mis ojos. Abro la boca y se vuelan las hojas en la biblioteca. Parpadeo y se queman las bibliotecas bajo el fuego del nuevo milenio. Soy aquella a quien no esperabas.

Te buscaré, pero no sabrás el momento. Llegaré a desbaratar todos tus planes.

Esas cosas dice la niña de pelo caoba, y luego abre los ojos, que son verdes y contempla su cuerpo inquieto cubierto con un camisón de hospital, ve la pequeña etiqueta que dice Judith 37, y suelta una risa queda.

Judith por Judas, el traidor, dice, pero también por Julieta, la enamorada de su enemigo, y por juventud perdida, y por Juana la primera mujer, y por el río Jordán y por muchas otras palabras. Pero una letra esconde a otra letra y llegan los judíos (cuyo nombre también comienza con jota) y su cábala a esconder las letras en su horrible orden, y llegan los traductores vestidos de rosa y negro para preservar la inútil esencia y perder los esenciales detalles, y llegan las hordas de bárbaros de traje y corbata a repetir y repartir los mensajes y los nombres por todo el orbe, a través de todos sus canales de televisión y todas sus antenas, y finalmente llega el fuego a quemar todas las bibliotecas y dispersar todas sus cenizas y enviarlas al suelo para que nutran la tierra y crezcan árboles que se extiendan bajo el sol.

Entonces la niña me mira, y sus ojos verdes son como un espejo hacia otro planeta, y me pregunta con voz perdida en el bosque: Cuando pase eso, ¿recordarás mi nombre?

Recordaré tu nombre, le respondo yo, y en seguida la cabeza me tiembla y el viento sopla y estoy caminando apresurado por una calle de Ñuñoa, en Santiago de Chile, pensando en mi tesis de título y mi trabajo, y en todas las promesas que hecho y no he cumplido jamás.

1 comentario:

Bavarovich dijo...

lo que me gusta de tus cuentos es que terminan re nah que ver a como empiezan xD


saludos :*