sábado, mayo 12, 2007

Una etapa termina y otra nueva empieza

Me llegó el rumor, Javier, de que quieres dejar de escribir, quizás para sanarte. Bueno, muy bien, imagino que tratarás con la pintura o la música o el deporte o el coleccionismo de fragmentos de huesos de detenidos desaparecidos. No, disculpa eso último, es la falta de costumbre de hablar con personajes reales y no imaginarios. Déjame decirte que te felicito, que te deseo suerte, que estamos en un país libre. Injusto, pero libre. Falso, pero libre. Despiadado, en fin. ¿Estoy siendo muy rudo? Sí, es algo inconsistente con mi personalidad, quizás debería ponerme otro nombre y otro color de pelo, pero da lo mismo. Nadie se dará cuenta excepto tú. Ahora déjame decirte una cosa, y sólo porque me caen bien las personas reales. Te irá bien. En este momento, Javier Crocek, juntas las palabras como códigos de CSS en una hoja de estilos para XML-Strict. O, para ser más claro, juntas las palabras como pequeñas joyas de fantasía, una detrás de otra, amarradas con sus alambres invisibles, hasta que formas una cadena y luego la cadena forma una estructura y luego tienes en tus manos un precioso poliedro de adjetivos y verbos. Y esperas que, como esos párrafos llenos de sudor y rasguños de mujeres se transformen de a poco en otra cosa, en una mancha de color o en un rasgueo furioso (y en ruinas) de guitarra eléctrica. Y déjame decirte: te irá bien. Resultará. Pintarás miniaturas, compondrás partituras, tocarás baladas de Tom Petty en el desierto del norte, que es muy parecido al de Arizona, excepto porque uno de los dos existe y el otro no. Tendrás esas pequeñas obras de arte, que luego crecerán hasta ser sinfonías dignas de una mente más privilegiada que la tuya, esculturas dignas de un corazón más consistente que el tuyo, enormes murales que serán como oleajes de tinta de todos los matices. Y cuando tengas esas obras harás más, y más. Y las pondrás unas junto a otras, intentando que digan, además de lo que dijeron por sí mismas, otra cosa en conjunto. Serán grupos de obras musicales y partituras. Hasta aquí, sólo luz y color y sonido, sin que los gusanos de las palabras infecten tu paz y te obliguen a decidir si te llamas Javier o Gabriel o Medrano o Judith. Pero estarás tan feliz con tu obra, tan repleto del sentido que gritan, que apenas te darás cuenta de lo que va a ocurrir. Yo te diré. Las juntarás, y tendrás que tomar un poco de distancia para poder apreciarlas en conjunto. Te irás alejando. Primero dejarás de distinguir los matices. Luego se te borrará el espacio en blanco en el piso que separa cada escultura-pintura-partitura de la otra. Luego intuirás el conjunto que forman, y no lo creerás, así que seguirás alejándote. Sólo cuando sea demasiado tarde te darás cuenta de que tus manchas de colores se fusionaron de nuevo en negros gusanos arrastrándose sobre la hoja de papel, formando las delicadas siluetas de la Times New Roman, repitiendo los balbuceos de la primera noche en que decidiste cambiar. Los asépticos gusanos negros de las palabras impresas te abrazarán, encantados de que vuelvas. Y eso será todo. Hazme caso, Crocek. Hazle caso a tu amigo Medrano, el del corazón despiadado, el del alma insomne. Toma tus pinturas y tus canciones, intenta recordar (en vano) su melodía, al final resúmelas. Te saldrá un párrafo largo, no más. Bótala a la basura, recítaselo a alguien, o publícalo en tu larga novela inconclusa. Y ponle una frase para concluir: tú no vas a cambiar. Tú no te vas a sanar, drugstore cowboy.

1 comentario:

Ms. bus stop singer dijo...

Sánate, sánate, asi nos das una esperanza a los del druggie club!