Cuando vuelvas te abrazaré muy fuerte
Tú creías que conocías todas las canciones de amor, pero hoy en la micro unos hippies sin gran destreza vocal cantaron una canción de amor hermosa. Cuando agradecieron las monedas, supiste que era de Víctor Heredia.
La segunda parte de Los Otros - La Novela, comienza cuando Medrano y su jefe deciden encerrar a Javier Crocek en el sótano de un viejo edificio en el medio de la ciudad y planean la mejor forma de acabar con él. Pretenden matarlo, pero no asesinarlo. Y para eso necesitan su ayuda. Pero no pueden, porque él los está soñando a ellos.
El cielo estaba moteado de nubes, blancas contra un desganado azul. Crocek, un día antes de comenzar a escapar, caminaba por la calle cuando vio el cielo e imaginó, soñadoramente, que las motas de pronto comenzaban a bajar a alta velocidad, y caían como gigantescas bombas de gas sobre la ciudad. Y de las bombas de gas brotaban los arcángeles gritando el Santo Nombre en un sólo chillido. Pero algo sorprendía a Javier Crocek más que la imagen de los Arcángeles. Supo, abierta la boca y asombrados los ojos, que esa idea no era parte de su imaginación. Esa idea no era suya, ni la había inventado él. ¿De dónde salía entonces? Sólo había una respuesta: era el eco lejano de los otros, los reales, luchando desde afuera para quebrar la cúpula y llegar a rescatarlo. Pero necesitaban su ayuda. Y necesitaban que él fuera libre.
-Medrano, ¿cuánto tiempo quieres que siga trabajando para ti?
-Mientras sigamos ganando dinero.
-¿Ganar dinero todo lo que importa?
-No, si eres millonario no, ganar dinero no importa.
-Medrano, estoy caminando por Providencia y hay nubes moteadas en el cielo. Parece que algo va a pasar.
-Javier, te escucho exaltado. ¿Has tomado... has hecho todo lo que tienes que hacer?
-Creo que hay algo que no me has dicho, Medrano.
-Javier, tranquilo. ¿Qué te pasa? Juntémonos a conversar.
-Hay algo que no me has dicho, Medrano. Hay un lugar donde no puedo ir, hay un nombre que no puedo decir.
-Javier, ¿estás bien?
-Medrano, quiero ser libre.
-Javier...
-Voy a ser libre, Medrano.
Medrano oyó el estallido del celular de Crocek rompiéndose contra el suelo, sintió que estaba llegando el incómodo y ominoso momento de tomar decisiones, sacudió la cabeza. Crocek, a varios kilómetros de distancia, reflexionó un segundo sobre las sensaciones, pensamientos y movimientos de cabeza de Gabriel Medrano, y luego pensó: "¿Cómo mierda puedo enterarme de estas cosas?" Entonces echó a correr por una calle lateral, y un par de horas más tarde ya estaba hablando solo camino a Santiago Centro.
La segunda parte de Los Otros - La Novela, comienza cuando Medrano y su jefe deciden encerrar a Javier Crocek en el sótano de un viejo edificio en el medio de la ciudad y planean la mejor forma de acabar con él. Pretenden matarlo, pero no asesinarlo. Y para eso necesitan su ayuda. Pero no pueden, porque él los está soñando a ellos.
El cielo estaba moteado de nubes, blancas contra un desganado azul. Crocek, un día antes de comenzar a escapar, caminaba por la calle cuando vio el cielo e imaginó, soñadoramente, que las motas de pronto comenzaban a bajar a alta velocidad, y caían como gigantescas bombas de gas sobre la ciudad. Y de las bombas de gas brotaban los arcángeles gritando el Santo Nombre en un sólo chillido. Pero algo sorprendía a Javier Crocek más que la imagen de los Arcángeles. Supo, abierta la boca y asombrados los ojos, que esa idea no era parte de su imaginación. Esa idea no era suya, ni la había inventado él. ¿De dónde salía entonces? Sólo había una respuesta: era el eco lejano de los otros, los reales, luchando desde afuera para quebrar la cúpula y llegar a rescatarlo. Pero necesitaban su ayuda. Y necesitaban que él fuera libre.
-Medrano, ¿cuánto tiempo quieres que siga trabajando para ti?
-Mientras sigamos ganando dinero.
-¿Ganar dinero todo lo que importa?
-No, si eres millonario no, ganar dinero no importa.
-Medrano, estoy caminando por Providencia y hay nubes moteadas en el cielo. Parece que algo va a pasar.
-Javier, te escucho exaltado. ¿Has tomado... has hecho todo lo que tienes que hacer?
-Creo que hay algo que no me has dicho, Medrano.
-Javier, tranquilo. ¿Qué te pasa? Juntémonos a conversar.
-Hay algo que no me has dicho, Medrano. Hay un lugar donde no puedo ir, hay un nombre que no puedo decir.
-Javier, ¿estás bien?
-Medrano, quiero ser libre.
-Javier...
-Voy a ser libre, Medrano.
Medrano oyó el estallido del celular de Crocek rompiéndose contra el suelo, sintió que estaba llegando el incómodo y ominoso momento de tomar decisiones, sacudió la cabeza. Crocek, a varios kilómetros de distancia, reflexionó un segundo sobre las sensaciones, pensamientos y movimientos de cabeza de Gabriel Medrano, y luego pensó: "¿Cómo mierda puedo enterarme de estas cosas?" Entonces echó a correr por una calle lateral, y un par de horas más tarde ya estaba hablando solo camino a Santiago Centro.
1 comentario:
Odio a Medrano.... naaa
esta super emocionante!
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