Blancanieves y la Bruja y el Flautista de Hamelin
Me dijo una chica dulce con dientes afilados que cuando la Bruja mataba a Blancanieves no se trataba de un asesinato, sino de un suicidio, porque la Bruja y Blancanieves son la misma mujer pero en edades diferentes. La vieja mata a la joven porque odia su juventud, porque sólo debe quedar ella misma. Pero la joven se venga de la vieja y la mata porque lo viejo muere rápido y la belleza nunca es olvidada. Un suave cuerpo blanco diezmado por la rabia.
Un chico dulce con ojos como espejos retrovisores me contó que no podía enamorarse y que nadie se enamoraba de él, pero entre medio tenía miles y miles de amigos y gente que quería acostarse con él. Nunca accedía. Lo suyo era la fiebre de la palabra, una especie de mala poesía donde no importaba la calidad sino la cantidad: ponerle nombre a todo, sumar sinónimos ante cada pensamiento, como aquellos chicos nerds que cuando aprenden a leer (a los cuatro, cinco años de edad) van por la calle nombrando todos los letreros y carteles y marcas sobre su campo visual. Peter Punk, este chico, usaba las palabras no como cuchillos, no como olas de un mar de petróleo, ni siquiera como mariposas: las usaba como la miel de un sibarita adormilado que podía tragar durante horas sentado en sus cojines, pero que nunca engordaba. Un huesudo cuerpo blanco mantenido en frío por la fiebre.
Un chico dulce con ojos como espejos retrovisores me contó que no podía enamorarse y que nadie se enamoraba de él, pero entre medio tenía miles y miles de amigos y gente que quería acostarse con él. Nunca accedía. Lo suyo era la fiebre de la palabra, una especie de mala poesía donde no importaba la calidad sino la cantidad: ponerle nombre a todo, sumar sinónimos ante cada pensamiento, como aquellos chicos nerds que cuando aprenden a leer (a los cuatro, cinco años de edad) van por la calle nombrando todos los letreros y carteles y marcas sobre su campo visual. Peter Punk, este chico, usaba las palabras no como cuchillos, no como olas de un mar de petróleo, ni siquiera como mariposas: las usaba como la miel de un sibarita adormilado que podía tragar durante horas sentado en sus cojines, pero que nunca engordaba. Un huesudo cuerpo blanco mantenido en frío por la fiebre.
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